Niños, toros y empresarios taurinos

Año 2019, siglo XXI. Estamos ante una afición que está pasando por un proceso de transformación importante. Suelo recordar en mis artículos, sean de la índole que sean, aquella frase de Darwin que decía “que solo permanecerán aquellos que mejor se adapten al medio”. Blanco y en botella… si seguimos pensando como en 1980, estamos apañados.

Resulta, que en aquel 1980, y más en determinadas zonas de nuestra querida España, un alto porcentaje de la chavalería era aficionada o al menos, no rechazaba el acudir a una corrida de toros. No tenían impactos sociales mediáticos ni  informativos negativos, con lo cual, veían en ello un acto de sociedad, de afición, de fiesta. En definitiva, en 1980 era normal que un niño de 8 años acompañado por su padre, abonase su correspondiente entrada. Oferta y demanda, no era necesario fomentar más afición.

Pero los tiempos cambian, y estamos en 2019. Siglo XXI como decía antes, pero las empresas, en general, siguen apostando por aquel método de fomento de la afición de 1980. Pero ahora ocurre una cosa. Los niños, tienen impactos negativos e desinformación acerca de lo que hoy en día es la fiesta de los toros. En 1980, había dos niños “raritos” en clase a los que no le gustaban los toros. En 2019, los dos niños “raritos” son los aficionados. ¿Ha cambiado la cosa verdad?

Esos dos niños de 2019, son los que deben mantener a los señores empresarios, toreros, banderilleros, picadores, porteros, areneros en el candelero dentro de unos años, y resulta, que no estamos haciendo nada por fomentarlo.

Y ahora, por alusiones y si me lo permiten, voy a hablar de mi libro. El pasado viernes 29 de marzo, y de forma muy adecuada, pregunté en la presentación de las carteles al Sr. Zúñiga por la posibilidad de que los padres de esos niños que todavía tienen afición, puedan acudir con ellos acompañados a festejos en los cuales el cupo de la plaza no vaya a ser completado, o incluso reservar un número determinado de entradas para ellos. Bajo mi punto de vista, la respuesta no fue acorde con la pregunta, y mucho menos el tono.

Desde aquí le diré, que por supuesto los niños pagan en el circo, en el cine y en el parque de atracciones, pero insisto, son espacios lúdicos destinados precisamente a ello, a niños, y donde el foco de mercado nunca se verá en peligro. En el toro sí. Aprovecho para decirle una cosa, ya que ayer, por educación no quise expresarlo en directo. Las Familias Numerosas, (le explicaré que son aquellas que tienen al menos 3 hijos), tienen descuentos directos en todos esos espectáculos que usted mencionó. Ya veo, que el interés de la fiesta se basa en el hoy, quizá es que soy un romántico.

Aprovechando estas líneas, recomendar, si me permiten, a todas esas empresas que cubren plazas por España, que piensen más en el niño, en ese niño de 8 años que posiblemente no tiene capacidad de aguantar una corrida entera, pero si de arrastrar a un padre, a un tío o a un abuelo a que saque su entrada para acompañarlo.

Finalizo. Entiendo que el empresario se juega sus dineros, pero en mi pueblo también nos jugamos los nuestros, y cuando le dije que en la feria que organizamos, los menores de 12 años no pagan en los espectáculos, al menos, le voy a pedir el mismo respeto que tuvo usted cuando yo me dirigí a usted. Gracias.

Y no lo olvide, ese niño acompañado de su padre, será el que vaya dentro de 15 años pagando su abono. Piense, eche la vista atrás. Cuando usted era niño, no era necesario pensar en el marketing de arrastrar a lo más pequeños. Hoy, imprescindible.

Nos vemos en los toros.

 

Por ALBERTO JOVEN

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